La Cornuda II
Me había dado cuenta hace rato de que Cristian estaba caliente conmigo. Los tipos son así, lo que primero hacen es a desear la mujer de su prójimo, y de su prójimo más próximo, su mejor amigo, que salía conmigo hacía tres años. Pobre flaco, al principio trataba de disimularlo, pero era imposible no darse cuenta de la cara ponía desde hacía rato cuando nos juntábamos a hacer previa. Se comía las uñas. Se mordía los dedos. No podía contener la ansiedad, se palpaba en la atmósfera. Y ni hablar de cuando se ponía "alegre". Aprovechaba a tocarme por cualquier pavada, si se tenía que levantar de la silla se apoyaba en mis hombros, se reía y me pegaba manotazos de esos para que el otro preste atención. Había un lenguaje corporal que decía todo. Y cuando entrábamos al boliche parecía mi guardaespaldas, cuando el boludo de Juan se iba a saludar a todo el mundo y me dejaba sola con él largos ratos. Cristian me entretenía, sabía contar chistes y yo me pasaba horas escuchándolo hasta que me dolía la panza de reirme. Era muy lindo, si yo no saliera con su mejor amigo habría sido otra cosa … No voy a negar que me encontré un par de veces pensando en él cuando estaba sola, pero me reí de mi misma y lo dejé pasar.
Hasta que un día se armó. Me había enterado de que había sido cornuda un par de veces – había cometido el error de perdonar- y llegó el verano, las bikinis y la pileta de la casa de Juan. Y Cris. Justo cuando mis suegros se habían ido a Europa. Un día me pareció que me había rozado las piernas varias veces de manera intencional en el agua, y al principio pensé que eran ideas mías –estaba hermoso, bronceado, y cualquier mina habría querido que le rozara, por lo menos, las piernas. Estábamos tomando mate lo tres, tenían que venir un par de amigas mías que hacía rato no llegaban, en eso Juan recibió un mensaje y salió con que tenía que hacer algo que le habían encargado los viejos y se había olvidado, llevar el auto al service o no sé qué. Que tardaba lo menos que podía y que iban a ser un par de horas no más. Puso un pie afuera de la casa y llega mensaje de las chicas que no venían. Y yo sola. Con Cris. Y mi ego hecho pedazos. Con sed de venganza.
Yo había quedado del otro lado de la pileta cuando Juan se fue.
- Las chicas no vienen Cris …
- Qué cagada ¿no? – y le brillaron los ojos.
Se zambulló al agua de cabeza y vino de mi lado. Se acostó a mis pies sobre el piso caliente. A los 30 grados que hacían afuera, había que sumarle todos los grados que tenía yo adentro, porque me sabía presa y cazadora a la vez, víctima de un doble instinto, sin saber a cual seguir, al de la huida, o al de jugar un juego que no conocía de antes pero que evidentemente me podía.
- Che qué calor – dije, y me tiré a la pile. Hice un par de largos para enfriarme, pero salí y me acosté al lado de él, en el borde, cabeza con cabeza.
Se levantó, se prendió un pucho.
- ¿Querés? – me ofreció uno pero no acepté.
- No, te robo una pitada a lo sumo.
Qué puta. Yo lo quería tocar. Inocentemente. Al menos al principio. Se sentó en el borde de la pileta y yo me senté al lado. Tres pitadas él y me pasó el pucho. Cuando hice tijerita con los dedos para agarrarlo, se rozaron nuestros antebrazos, y se me puso la piel de gallina, MAL. Se habrá dado cuenta. Estaba la radio prendida y por ahí pasan Comfortably Numb - cómo me seduce ese tema. Me miró a los ojos. No sé cómo, estábamos brazo pegado contra brazo, ahí, al borde de la pileta, solos. Esperando lo inevitable.
El corazón me empezó a latir rápido, se me iba a salir. Por ahí se acostó, siempre con los pies en el agua. Yo me di vuelta y le imploré con los ojos para que no se despegara de mí. Estaba con las manos en la nuca y me miraba con una sonrisa grande, muy grande. Entendió. Se sentó, me corrió unos mechones de pelo de la cara –y yo conteniendo a una Julia que quería saltarle encima, porque esto era un deja vú, yo sabía muy bien lo que iba a pasar, me veía haciéndolo, pero no me quería apurar. Me pasó el dedo pulgar por los labios, despacito, como reconociendo el terreno, y los miraba. Y yo me prendía fuego, literalmente, no daba crédito a lo que me pasaba por dentro y por fuera. Se sentó de frente a mi y me tomó la cara entre las manos. Me besó los ojos, despacio, primero uno, después el otro. Yo me dejé hacer. Sin pensar, lo abracé como si fuera una despedida, así de fuerte. Y ahí me convertí en otra. No sé en quién. Nos besamos como si nos hubieran dicho que teníamos 2 minutos para hacer lo que quisiéramos. Así, como si se nos fuera la vida. Me desprendió la tirita de la parte de arriba de la bikini y quedamos así, piel con piel, al borde de la pileta. En un momento de cordura le pedí que fueramos a otro lado, así que entramos como pudimos, entre besos y manotazos, y terminamos en el living contra la puerta de entrada. No pensé que fuéramos a llegar a tanto. Terminamos haciendo el amor parados, violentamente, contra la puerta de entrada, mirando por la ventana que no viniera Juan.
- Me vas a dejar embarazada! -dije como pude entre jadeos - Cris !
- O JA LAAAAAAAA … - contestó así, separado en sílabas. Y siguió.
No tuvo suerte, y no fue porque no intentáramos, porque seguimos en mi depto ese día. Y el otro, y el otro, y el otro. Y a Juan le dejé las llaves a la semana con una vecina.